Trampa
 
CuentosNaive Creations Home
 

Elvira se levantó temprano esa mañana con la ilusión de exhibir sus obras en la Galería de Arte más Grande del Mundo, como decía el aviso del periódico que vio de reojo mientras lavaba su ropa en el patio del edificio.  Sería fácil dar con el local que supuso de enormes proporciones así que desayunó ligero, repartió las monedas en dos bolsillos y sonriéndole a su loro se despidió con un ‘Chao Loquito’ . 

Con el cuadro debajo del brazo, la mujer recorrió media ciudad parada en los dos autobuses destartalados, no tánto porque estuvieran llenos de pasajeros, la mayoría empleados uniformados, al fín y al cabo era la hora tope de la mañana, más bien por las dimensiones del cuadro envuelto en papel ordinario; tuvo que hacer hazañas de equilibrio entre piropos que le decían los mas intrépidos. 

El autobús la dejó a dos cuadras del centro comercial que recorrió tres veces sin dar con la galería.  Cansada y frustrada, finalmente preguntó al guardia de un banco quien le indicó el callejón a seguir.  Elvira miró su reflejo en el vidrio del local, se arregló unos cabellos, secó el sudor de su frente con una manga y sonrió antes de entrar.

Para su sorpresa, la mujer sólo vio tres cuadros colgados en la pared.

-Buenos días, en que puedo servirle? –preguntó una amable voz masculina.

Elvira miraba los tres cuadros con la boca abierta.

-Desilucionada? –indagó el hombre con una sonrisa que Elvira sintió sin ver.  –Es natural, todos vienen pensando en encontrar un mónstruo de exhibición, pero déjeme decirle que sí la tenemos!

-Qué tienen? –preguntó despertando de la desesperanza.

-La galería más grande del mundo! Pase por acá porfavor … -el hombre le indicó el salón contíguo.  –Siéntese!  Póngase cómoda.

Elvira colocó el cuadro al lado de la butaca y se sentó. 

-Cómoda?

-Sí … -dijo con un poco de recelo.  –Qué tal si el hombre era un loco, un esquizofrénico, un violador?  Se preguntó asustada, el local estaba escondido en un callejón apenas iluminado, lejos del tumulto y la congestión de las gentes.

El hombre apagó las luces.

Elvira se movió nerviosa en la butaca y apunto estuvo de pararse y salir corriendo, hubiera dejado olvidado su cuadro, con tal de escapar y sentirse a salvo lejos de aquella trampa de palabras. 

        Pero la enorme y colorida imágen de un hermoso cuadro de Chagall la detuvo, la sedujo.  Elvira sonrió satisfecha a la pared iluminada donde se reflejaron las obras de mil pintores.  Durante noventa minutos la mujer mantuvo la sonrisa intacta.  En un mundo de treinta metros cuadrados, hubiera podido extinguirse la civilización y no se hubiera percatado, exiliada como estaba entre pinceladas, matices y texturas, sumergida en una oda de sentimientos y emociones.

-Bravo! –gritó emocionada al terminar la función, aún a oscuras.

El hombre prendió la luz, desconectó el proyector, recién entonces Elvira se fijó en él, en su rostro, su figura.  Un hombre atractivo, pensó.

-Veo que ha disfrutado en grande … -dijo satisfecho.

-Me encantó … -confesó emocionada. 

-Se da cuenta de que somos en realidad, la galería más grande del mundo?  Podemos vender obras de mil pintores, sólo tiene que decirnos que cuadro le gustó y nosotros nos encargamos de todo!  En cuestión de días la obra podrá exhibirse en su casa, su oficina, donde usted quiera!  Qué le parece?

-Me parece fantástico!

-Y que obra le interesa?  

-Todas!  Me gustaron todas, bueno, en realidad hubieron un par de ellas, quizás tres, que no son de mi agrado total, pero …

-Pero cuál de ellas quisiera adquirir?

Elvira rió nerviosa.

-Comprar?  -Pero no se da cuenta el hombre de mi apariencia?  No reconoce un pobre de un rico, o viceversa?  Será buen mozo el condenado, pero nada de intuitivo, pensó la mujer.

-La puedo ayudar a elegir el que más le guste, podemos ver nuevamente las obras de su pintor favorito, que si mal no me equivoco, por la cantidad de suspiros, se trata de Chagall, no es así?

Elvira sonrió sin decir palabra.  –Resultó siendo intuitivo –dedujo en silencio.

-Me llamo Mauricio Sarmiento, a sus órdenes –le dijo estirándole la mano.

Elvira se presentó y sin perder tiempo le mostró su cuadro.

-Yo tambien soy pintora … -dijo con orgullo.

El hombre miró en silencio la pintura y luego de unos segundos que le parecieron eternos a ella, le robó de las manos el cuadro caminando decidido al frente del local.  Elvira lo siguió asombrada, cuestionando aquella reacción tan muda como intempestiva.

Mauricio sacó del caballete uno de los tres cuadros y colocó el de Elvira en su lugar.

-Hermoso!  -dijo el hombre regresándole la vida a la mujer.

-De veras le gusta?  -preguntó incrédula.

-Me parece que es usted una gran artista!  El bosque que ha pintado es una imágen espléndida … cargado de emoción y color; me atrevería a decir que tiene influencias de Chagall y de Klimt, así como de nuestro artistas criollo Carlos Enrinque Polanco.  Me gusta especialmente el lago, su tonalidad, el reflejo de los astros …

Elvira sonrió encantada.  –Definitivamente es intuitivo … -concluyó felíz.

-Cuántos cuadros tiene?

-Veintiocho.  Bueno, treinta en realidad, estoy terminando dos …

-Podemos exhibirlos todos!  Lo que hay que hacer es tomarles una foto digital a cada uno y voalá!  Sus obras formarán parte de la espléndida colección que aquí damos a conocer en la cómoda butaca, que le parece?

-Me parece fabuloso! –dijo juntando sus manos, le provocó brincar de la alegría, aplaudir, pero se contuvo.

-Sólo tiene que firmar un contrato, es una formalidad más bien … -le dijo el hombre empujándola hacia el interior del local, su cuadro ya no estaba en el sitial de honor.

-Pero yo no tengo cámara digital … -le explicó Elvira.

-No se preocupe!  Aquí nos encargamos de todo! –Pase …

Mauricio le mostró su oficina, apenas un cuadrado donde cabía un escritorio de pequeñas dimensiones y dos sillas de madera. 

-Firme aquí … -le entregó una fina pluma.

Elvira leyó el papel.

-Pero yo no cuento con ese capital … -dijo sorprendida al ver los números.

-Piense usted en sus posibilidades … -le dijo sonriendo.  –Usted puede beneficiarse grandemente de nuestros contactos con galeristas, coleccionistas de arte, empresarios, gente privilegiada, en fín, que la ventana que le abrimos es al mundo entero, a la libertad, a la prosperidad!

Elvira miraba sin pestañar la dentadura perfecta del vendedor.

-Pero no tengo medios económicos, disculpe que le haya hecho perder su tiempo … -se excusó parándose.  –Me encantaría vender mis trabajos, ser conocida, tener el reconocimiento que anhelo, pero no puede ser … -añadió rescatando el cuadro solitario en la entrada del local.

-Pero no se vaya Elvira, podemos conversar, de seguro que algo podemos hacer para ayudarla … -dijo mirándola fijamente, acercándose a ella.

La mujer aspiró el agradable olor a colonia importada, se vió reflejada en las pupilas marrones de él; un par de latidos se atracaron en el pecho sorprendido.

-No hay nada de que hablar … Me gustó la función y le agradezco su tiempo, pero tengo que regresar a la realidad del mundo y de mi vida, que ya voy tarde a mi trabajo de secretaria … Sí, soy secretaria, y a mucha honra!  Mi novio Andrés me va a matar porque antes de venir para acá, esta mañana, le quemé dos camisas, las únicas que tiene!   Para serle franca no tengo monedas para llegar hasta el centro, donde mi jefe de seguro me bota hoy!

Mauricio rió encantado, parecía haber escuchado una comedia.

 

-Elvira, es usted genial!  Como artista y como mujer!  Realmente que he disfrutado mucho de su visita.  Qué le parece si le tomamos una foto a su cuadro, lo incluimos en la coleccion de mil y un pintores, y no le cobro un centavo …?  Más bien me apuro, le tomo la foto, y le presto las monedas para que llegue lo antes posible a su trabajo, y en taxi!  Que le parece?

-Me parece que usted me está tomando el pelo … -dijo cautelosa.

-Que va!  Ya le dije que me encanta su persona y su obra. 

-Pero porqué habría de ayudarme?  Porqué yo?  Porque a mí? –preguntó abriendo la puerta.

-Ya se lo dije …  Además, nunca he visto a nadie disfrutar de tal modo la función de luces … Digamos que me conmovieron sus suspiros …

Elvira soltó la puerta.  Su cuadro se exhibió durante sólo dos semanas y media en la galería virtual vendiéndose en tiempo record.

Lo primero que hizo la mujer fué comprar media docena de camisas para el novio que no terminaba de perdonarla; no por la ropa quemada y arruinada, sinó por verla a ella ilusionada en el insensato mundo del arte, en algo tán remoto y efímero como ir tras las pistas del triunfo.  Olvídate de ser artista! –le decía frecuentemente.  –Aterriza! Vive la realidad! –le reclamaba entre cervezas que bebía mirando los partidos de futbol, mientras ella inventaba un nuevo paisaje de colores vibrantes como los de su loro ‘Loquito’.

Elvira se gastó el resto del dinero en la tienda de artículos de arte, en pinturas, pinceles y canvas; con las justas le alcanzó para una botella de vino y unas flores que colocó sobre un mantel recién planchado junto con la rica cena que preparó para celebrar la venta de su primer cuadro. 

Andrés no llegó.  Dieron las doce de la medianoche y Elvira se acostó cansada de esperar, sin haber probado la cena que dejó servida.  Durmió mal, pendiente siempre de la puerta.  No escuchó el despertador ni los ruidos de la vecina, tampoco el tráfico ni el alboroto del loro.  Abrió los ojos a las diez y aún corriendo desesperada no llegó antes del mediodia a la oficina donde encontró sobre su escritorio la carta de despido.

-No importa, pensó fingiendo una sonrisa, al fin y al cabo soy una artista y viviré de mi arte … si pude vender un cuadro venderé más … muy pronto esta mala experiencia será un recuerdo nublado que se perderá en el horizonte para dar paso a la prosperidad … -siguió pensando mientras regresaba a su apartamento.

Andrés comía la cena fría de la noche anterior cuando Elviro abrió la puerta.

-Y que haces aquí a estas horas? –preguntó irritado.

-Que yo sepa, vivo aquí, puedo llegar a la hora que quiera … -le contestó molesta por el recibimiento.

La mujer le dio de comer al loro mirando de reojo al hombre, esperaba algún comentario sobre las camisas nuevas que le había comprado, alguna pregunta sobre la razón de la cena, el vino y las flores.  Ansiosa, con el alma en vilo, siguió parada frente a la jaula, estirando el momento, dándole la espalda a él, desesperada por escuchar una excusa, una justificación por su ausencia, la alianza.

Pero Andrés no dijo nada, siguió comiendo y cuando terminó se levantó con pereza de la mesa para acostarse en el sofá de la sala.

-Tráeme una cervecita, házme el favor … -dijo antes de quedarse dormido frente a los protagonistas de la novela.

Elvira empacó la maleta sin prisa, doblando bien las camisas nuevas, guardando las medias y las pocas prendas del hombre como si de un tesoro se tratara.  Buena trapecista de sus lágrimas fué, que en plena travesía las rescató del aire para que no dejaran huella.

Cuando despertó el hombre se encontró sólo con la oscuridad de la noche, ni siquiera el loro estaba en su jaula.  Al lado de la puerta vió una sombra y al acercarse, cuidadoso, descubrió su vieja maleta a la espera de la partida.

En la azotea del edificio, con el loro en su hombro, Elvira miraba las luces del tráfico como un largo y sonoro cascabel; achinaba un poquito los ojos, convirtiendo los rojos en imperfectos rubíes, los verdes en desproporcionadas esmeraldas.  A veces cerraba los ojos por completo, imaginando alguna escena que de seguro luego pintaría, escuchando el relato incomprensible de su loro a las estrellas.

-Triunfaremos, Loquito … ya verás … -le decía ilucionada meciendo unos tibios cristales de agua.

En la Galería de Arte más Grande del Mundo las imágenes de mil pintores resplandecían ante los ojos cansados de un hombre agotado de verlas.  Cerró el local vacío por última vez y contemplándose en el cristal de la puerta suspiró abatido.  En su apartamento lo recibieron sus dos hijos pequeños, a quienes acostó en su habitación de paredes celestes donde el cuadro de un hermoso bosque con un lago reflejando luceros invitaba a soñar.

 

 

 

 

                                                                        Monica Moser

                                                                        Marzo 5, 2002

 

 

 

 

BACK                NEXT