El Caso de las
Palabras Perdidas
Cuando llueve así como ahora, con tal intensidad, me refugio
en el cálido recuerdo de tu persona. Puedo estar trabajando en
la oficina, mirando la lluvia caer con furia sobre los árboles,
despeinándolos el viento, arrebatándoles las ramas, mientras pienso
en ti.
La brisa se lleva las flores, esparce los pétalos en una
sinfonía de truenos y relámpagos. Contemplando el escenario
mojado decido robarle unos minutos a la apretada agenda laboral para
visitar ese lugar de la memoria donde protegida de la intemperie
vives tu, en secreto y en silencio.
Qué pasó
anoche? Mejor dicho, porqué no pasó nada? Me dió miedo
decírtelo. Las palabras estaban listas y al borde de los
labios, cansadas de tánto esperar, frustradas por la acumulación de
fallidos intentos por llegar a ti. Las sentía alborotadas en
la garganta …
Pero las palabras
quedaron aprisionadas por el peso de las vivencias pasadas, diluidas
nuevamente al interior donde conviven con temores e inseguridades
que tu desconoces, bendita tu ignorancia …
Ayer me acerqué
hasta tu orilla con el mapa arrugado de un lugar perfecto al cual
quería llegar contigo. Viajar los dos sólos, tu y yo, hasta
esa equis que marqué con lápiz negro. Conocernos en el camino,
acercarnos en el trayecto, juntar nuestras sendas para ver el
horizonte desde esa equis negra e imperfecta, cualquiera que fuese
ese lugar –podía ser esta misma esquina- respirar el mismo aire, eso
pretendía …
Pero no te dije nada, el mapa se quedó doblado en mi
bolsillo, las palabras las tragué como medicina amarga. Te
dije adiós como quien dice hasta luego, con la certeza de volverte a
ver, con el propósito de juntar ánimos en las horas de tu ausencia,
muy seguro de revivir el mismo escenario con nuestras sombras de
protagonistas, persiguiéndose en la oscuridad sin poder
tocarse.
Hoy puede cambiar la historia del mundo y de nuestras vidas,
es tan efímera la realidad, nada es constante, sólo el cambio
...
Qué coincidencia, amaneció nublado, el clima perfecto para
sancionar mi silencio, la cobardía de la noche anterior.
Empezó a llover justo cuando salía de casa, llegué al carro empapado
de pies a cabeza, todo por el simple afán de sentir la furia del
cielo en mis espaldas.
Y aqui estoy ahora, tomando el café con mis ropas y cabellos
húmedos mientras miro por la ventana un torrencial de lluvia caer
sobre la ciudad. Las flores se las lleva el viento mientras
pienso en ti …
Me pregunto ingénuo, estarás viendo la lluvia? Tendrás
palabras sueltas y alborotadas que se quedaron atrapadas en tu
garganta? Dime que sí, que no soy el único que pierde las
consonantes y las vocales por culpa de un repertorio de grandes y
pequeñas excusas, trampas del pasado, miedos del mañana.
Pero aunque no me digas nada, ajenos al estado del tiempo, te
prometo una cosa, no más reservas. La próxima ves que nos
veamos te regalaré la voz de mi verdad. Te sacaré
de ese lugar de la memoria donde vives en secreto y en silencio
protegida de la intemperie para que sientas el sol y la lluvia, la
fuerza del viento y de mi amor.
Sí, de mi
amor. Tán corta que es esa palabra, tán reveladora, tán
inmensa, tán precisa.
Te diré que te
quiero ahora mientras te pienso y llueve, para cuando estés a mi
lado y con el sol, ya las palabras sueltas y acostumbradas a la
libertad se acerquen con naturalidad a ti, donde han de florecer
…
Monica Moser
Junio 3, 2003