Puse mis sueños a
colgar
en la rama alta de
un samán.
Los sueños estaban
ajados de amar,
húmedos de reír y
llorar,
manchados de tanto
imaginar,
ilusionados por
crecer y volar.
Quería los sueños
blancos,
secos y
planchados,
con un poco de
lejía y almidón.
Los sueños se
quejaron
porque no estaban
acostumbrados
al orden y la
perfección.
Puse mis sueños a
colgar
entre pañales y
camisas
para que el sol y
la brisa
los pudieran
acompañar.
La tierra giró con
prisa
queriéndolos yo
cada vez más.
Los sueños se
impregnaron de vida,
entablaron con la
luna amistad,
conquistaron una a
una cada estrella
en la melancolía y
la soledad.
El tiempo pasó sin
medida
agitado y sereno
como el mar.
Puse mis sueños a
colgar
en la rama alta de
un samán
para que de tanto
desearlos
un buen día se
hicieran realidad.
Hoy me di cuenta
al despertar
que habían florecido a cabalidad.