Intuicion
 
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Había una vez un árbol que en vez de hojas tenía lágrimas.
Era el único árbol con hojas de agua en el pueblo –tal vez en el mundo. 
En tardes de brisa fresca las gotas saladas –como el agua del mar- salpicaban por doquier, mojando las calles, regando plantas y flores, limpiando los tejados.  En noches de luna llena las hojas de agua brillaban irradiando luz, cual diáfanos diamantes, haciendo suspirar a los enamorados enredados a su tronco.
Ocurrió un verano muy caluroso que al cabo de un interminable viaje un científico llegó a aquél remoto paraje.  Cansado el sabio hombre, a todos sorprendió por sus ojos azul claro -como el cielo más puro o el mar más transparente- pero aún más por su conmovedora determinación en averiguar el origen de tan peculiar fenómeno de la naturaleza, el árbol de las hojas de agua.
Se llamaba Jack y hablaba muy mal el español, estilo indio, como decían los pobladores que quedaron prendados por sus encantos. 
-Dónde estar árbol mojado?- preguntó en la plaza, maleta en mano, el sudor deslizándose desde sus cabellos plateados a las suelas de las botas de explorador.  En el puerto se descargaba el barco que lo trajo, los hombres trabajando afanosamente bajo el sol.
Le apuntaron hacia un cerro abarrotado de vegetación y humildes viviendas.
-Dónde estar árbol mojado? –volvió a preguntar a mitad de cerro, casi sin aliento; impresionado por todo lo que veía: la multitud de gentes, especialmente niños, en las calles; la flora tan intensa y exhuberante; los olores y sonidos; las coloridas pero despintadas casitas abiertas de par en par; las sonrisas y miradas de curiosidad; el horizonte turquesa donde se mecían impacibles las barquitas de los pescadores rodeando el barco grande con la chimenea que suspiraba gris al cielo.
-Está perdido? –le preguntó una buena señora.
-Buscar un árbol mojado … -dijo suspirando, su corazón latía apresurado.
La mujer rió de buena gana, le pareció cómico ver el desespero del extranjero con pinta de explorador.  -Mire, tiene que llegar hasta el fin de este camino.  Está en la cima – exclamó jovial, apuntando con el dedo lo alto de la montaña.
-La cima? –Ignoraba el significado de la palabra.  Pensó en sacar de la maleta su diccionario, pero dedujo que se trataba del tope de la montaña y emprendió nuevamente la marcha.  –Gracias!
-Siga no más … aún le falta mitad de cerro! –gritó la mujer que se quedó mirando las piernas blancas y velludas del extranjero en pantalones cortos, todo uniformado de kaki, con sombrero de igual color.
-Oh my goodness … -dijo el sabio.  Se moría de sed, no estaba acostumbrado a caminar con botas tan pesadas y menos a esas temperaturas.  Estaba tan agotado del largo viaje …
Debió de ser la hora más caliente del día; Jack caminó arrastrando la maleta, el cansancio y el sudor hasta donde terminó el camino.  Miró hacia todos lados: más casas, más árboles, más gente, muchos niños, perros, gatos, ruidos, música, pero ningún árbol mojado.  Desilucionado, se sentó sobre la maleta para limpiarse el sudor con su pañuelo ajado cuando la vida le cambió al sentir unas gotas frescas cayéndole sobre los brazos que empezaban a enrojecer.
Una suave brisa había llevado dos hojas de lágrimas hacia el hombre.
Se paró emocionado, el corazón palpitándole en las sienes.  Agarró la maleta con prontitud internándose por un caminito de tierra que serpenteaba un jardín silvestre entre casitas aún más humildes.
-Oh my goodness … ! -exclamó emocionado y felíz el sabio hombre al contemplar el árbol de hojas de agua que lo había traído desde el otro extremo del mundo.
Lo primero que hizo fué arrodillarse al pie del tronco y escarbar la tierra con auténtico desespero.  Ya todos los vecinos estaban asomados a las ventanas y lo miraban llenos de curiosidad.  Acto seguido, el hombre se metió un puñado de tierra a la boca, degustándolo como si fuera el manjar más exquisito que jamás hubiera probado. 
-Mmmmmm ….!!!  –dijo extasiado y mirando hacia la copa de lágrimas de cristales, los diamantes diáfanos mecióndose con la brisa. 
-Es un loco …! –concluyeron los testigos de aquella extraña gula, retirándose aterrados de las ventanas.
Apoyado al tronco, el explorador quedó inmóvil, absorto en sus propios pensamientos y recuerdos; por el tiempo que transcurrió y el alcance de su mirada, debió remontarse hasta su niñez, una sonrisa ingenua lo delataba.
-Toma, tienes sed ... –dijo una mujer de piel morena con la sonrisa de una niña que sólo era visible en el interior de aquél cuerpo impregnado en olor a caña de azúcar que exprimía todas las madrugadas para los jugos que vendía en la plaza. –Verdad que es lindo?
-Lindo!?  Ser lo más hermoso del mundo!
Complacida y emocionada con la respuesta, la mujer le dió el vaso de agua con una mano temblorosa.  -Sí, es lo más lindo … -la mujer descubrió el firmamento despejado de los ojos del forastero; nunca había visto un azul más claro o hermoso.
-Tu vivir cerca? –preguntó el hombre en su español de principiante, después de beberse todo el agua de un solo trago.
-Si, este es mi jardín … -le contestó mirando con orgullo su pequeña parcela verde.
-Entonces, eso querer decir que precioso árbol ser suyo?
La mujer rió.  Las hojas de agua vibraron, algunas cayeron sobre ellos.  Parecía que el tronco había reído con ella.
-Lo sembré yo –dijo con humildad y la sonrisa de la niña que llevaba dentro.
-No poder creerlo … - exclamó el hombre acercándose a la mujer.
Jack le devolvió el vaso mirándola con curiosidad, más bien estudiándola; trataba de descubrir en su perfil, su mirada, su cuerpo, hasta su olor, alguna clave que delatara un origen único.
El cuerpo de la mujer se estremeció, despertando al corazón dormido.
En vano trató Jack de descifrar algún misterio en la existencia simple y transparente de aquella mujer que continuaba el cascabel de risa nerviosa mientras se sabía explorada.
-Me llamo Intuición – dijo estirándole una mano que frotó antes en su vestido.
-Intusón? –preguntó incrédulo tomándole la mano, incapaz de pronunciar la segunda ‘i’.
-In-tu-i-ción-  repitió la mujer hallando el reflejo de su rostro en las pupilas de él.
Jack no le soltaba la mano.  Intuición soltó una carcajada.
-Oh, perdonarme, por favor! –exclamó atolondrado percatándose de que aún le sostenía la mano.  –Nunca haber conocido alguien como usted … Mi nombre es Jack, Jack Poland.
-Usted no.  Dime tú.  Mucho gusto, Yak.
-Tener tantas preguntas que hacer … tendrá usted tiempo para sentarnos un poco en la sombra? 
-Si, claro, vamos a mi casa, allí no más … -dijo sonriendo con un poco de pudor y señalando una casita morada cercana al árbol.
Como Jack imaginó, el interior de la humilde morada era escueto y modesto, lo que sí le sorprendió fue la pulcritud y el orden impecable; había en aquella morada una armonía simple, una atmósfera alegre y liviana.
Se sentaron en las dos mecedoras frente a la ventana de la pieza principal donde Intuición prendió un viejo ventilador.
-Hace un poco de ruido pero es mejor asi … -sintió que necesitaba justificarlo.
-Parecerme perfecto!  Wonderful! –exclamó con gran alivio y una enorme sonrisa. –tenía un tono de voz fuerte y decidido sin dejar de ser cortés. 
Jack sacó un lápiz y un cuaderno de su maleta.  Intuición se acomodó en su mecedora.
-Dónde haber nacido?
-Aquí, en el pueblo.
-Cuantos años tener?
-En el pueblo?
-De vida.
-Ah … Intuición se sintió un poco incómoda, le recordó un exámen médico.  –Tengo 43 años.
-Forty-three?! –Jack le había calculado unos 36, máximo 38 años.
-Como dijo?
-No, nada.  Tener hermanos, hijos, familia?
-Tengo cinco hijos y tres hermanos.
-Todos vivos?
-No.  Dos hijos murieron.
El hombre tomó una pequeña pausa en señal de respeto, aprovechando para estudiar el rostro de la mujer, buscando algún indicio de lo que supuso sería una gran pena.  Intuición lo miraba con idéntica mirada y sonrisa.
-Muerte natural o accidente?
-El mayor murió al nacer y Albertina a los diecisiete años.
-De que morir Abertina?
Intuicion suspiró mirando el paisaje de la tarde.  -La atropelló un auto.
Jack la miraba sorprendido por la serenidad de su semblante, alterado unicamente por el suspiro.  Intuicion puso atención a la boca del único hombre del mundo que había probado la tierra de su árbol –como sabrá, se preguntó. 
-Estar vivos sus padres?
-Mama sí.  Papá está medio muerto.
-Medio muerto?  No entender …
-El pobre está más allá que acá …  Está enfermo –añadió a modo de explicación..
-Su esposo vivir con usted?
-Cual esposo?
Jack penso que no habia pronunciado bien la palabra. 
-Su hombre?
-Cual de ellos?
Jack soltó una carcajada que rebotó por las paredes y el techo; parecía como si la risa hubiera estado guardada en un armario, liberándose felíz del largo exilio.
-Okay, next question.  –No me vaya a meter en problemas, pensó.  Como ser su salud?
-Buena.  Pero dígame una cosa, cuando me va a preguntar por el árbol? –Intuición estaba impaciente por hablar de su orgullo de cristales.
Jack empezó otra página de apuntes.  -Después.  Ahora necesitar saber mucho de su vida.  Que tener su vida de especial … -dijo pronunciando bien las palabras, como si le hablara a un niño.
-Pero no tengo nada de es-pe-cial.  –contestó imitando al hombre. 
Entre pregunta y pregunta, llegó y salió la vecina Olaya, la comadre Elvira, la tia Isidora, el primo Miguel, el matrimonio Miranda, la sobrina María José,  y el científico seguía haciendo preguntas, escribiendo, pasando páginas mientras bebía jugo de caña, se espantaba los zancudos, se secaba el sudor con el pañuelo, impresionado por todo y por todos.
El sol se ocultó cuando llegaron dos de los tres hijos de Intuición.
-Yak, le presento a mi hijo Vladimiro y a mi hija Leopoldina.  Vienen de trabajar, los pobres, deben estar muertos de hambre y yo aun no he preparado nada … -Intuición se paró rápidamente de la mecedora para preparar algo de comer.  –Yak, espere tantito que comemos todos juntos …
Los jóvenes miraron asombrados al extraño visitante; ya habían sido alertados del loco explorador que tán hambriento había llegado del otro lado del mundo que devoró la tierra del árbol de su madre.
-Encantado muchachos.  Estar muy interesado en saber sobre su madre y árbol mojado … -les dijo apretándoles fuertemente las manos.
Leopoldina rió poniéndose colorada, su hermano, disgustado, le dió un codazo.
-Haberse echo de noche y no haber notado nada … tener que disculparme Intusón … porque yo no tener tiempo en mente … - realmente no se había percatado de lo tarde que era a pesar del cansancio del largo viaje, aún no había cambiado su reloj a la hora local.  –Saber ustedes de un hotel donde poder pasar la noche?
Intuición asomó la cabeza desde la cocina.
-Comemos algo y después hablamos sobre eso … -contestó para luego poner con cuidado las empanadas en el aceite caliente de la sartén.
-Oye mamá, ese loco de donde salió?  Y porque está aquí en nuestra casa ?! –preguntó alterado Vladimir; desconfiaba de cualquier persona, mas aún de un extranjero.
-Tranquilo, que no es ningún loco, es un científico extranjero que ha venido a averiguar sobre nuestro árbol.  Ahora que lo digo, cómo se habrá enterado …?
-Ay mamá, no me diga?! –preguntó cínicamente. 
-No te digo que?
-Que vino desde el fin del mundo solo por eso?!
-Te parece poco?  Nuestro árbol es único … acaso no lo sabias? –Intuición lo miraba perpleja.
-Ay mamá, yo creo que usted está más loca que él … es un árbol sin hojas, como cualquier otro árbol, solo que gotea … -
A los pocos minutos Intuición sacó las empanadas junto con una jarra de agua.
-Sentémonos pues … -dijo poniendo todo sobre la mesa. –Leopoldina, házme el favor y trae el banquito de allá afuera –sólo tenían tres sillas.
-Y su otro hijo no venir?
Los tres se miraron entre sí.
-No.  Vive en la ciudad.  –contestó Intuición.
-En la capital. –aclaró Vladimir.
-Bien lejos. –añadió Leopoldina.
Finalmente, despues de comer las empanadas y salir los jóvenes al cine del pueblo, sentados nuevamente en las mecedoras, Jack le preguntó a Intuición sobre el origen del árbol.
-Decirme Intusón, que semilla usar para árbol?
-No recuerdo, la verdad.
-Oh, que pena… ser un detalle muy importante.  Cuando haber sido eso?
-Hace … -Intuición hizo un cálculo mental cerrando los ojos, mordiéndose el dedo pulgar -  hace diez y seis años.
-Eso si recordar bien … -
-Si …
-Importarle si fumar cigarro?
-No, está bien.  Deje le traigo algo para que ponga las cenizas … -la mujer le trajo una tacita de café; nadie de ellos fumaba.
-Contarme Intusón, no hacer mas preguntas yo, quedarme callado.  Tu contarme que pasar en tu vida en ese tiempo, como haber crecido árbol.  Hablar con tu corazón … -dijo bajando la voz, exhalando el humo del cigarro importado.
Intuicion sonrio feliz, la niña que habitada dentro brincaba como si estuviera en un parque, emocionada ante la idea de jugar con el niño de sus sueños.  El azul del cielo de los ojos de él tornó oscuro, como la noche que se perfilaba despejada por la ventana.
-No sé cómo empezar pero trataré de poner las cosas en órden … -dijo un poco nerviosa, frotando sus manos contra la tela de su vestido.
Jack no contestó, se mecía en el silencio que sólo irrumpía el viejo ventilador.
Intuición se dio cuenta de dos cosas, una, que el hombre había guardado el cuaderno de notas en su maleta, y dos, que su cuerpo lucía fuerte y atractivo a pesar del medio siglo que le calculó de vida.  Achinó los ojos en señal de complacencia, los labios conteniendo la eminente sonrisa.
-Cuando uno es joven comete muchos errores.  En mi caso fueron más bien travesuras.  Nosotros los ingénuos tenemos una licencia especial para andar por la vida, sabía …? –dijo con una sonrisa pícara.
-Inge-nu-os? –repitió Jack.
-Si.  Yo solo quería encontrar un amor que pudiera estirar toda la vida.    Que fuera flexible, juguetón, irrompible.
-Parecer chicle … -dijo Jack, sonriendo.
Intuicion rió felíz;  las dos estrellas en el firmamento tilitaron, parecieron reír con ella.
-Tuve tres grandes amores, ninguno como el chicle que quería … -rieron juntos. –De ellos quedaron mis cinco hijos, ahora tres …-continuó.
En la cercanía se escucharon los ladridos de varios perros.
-Ahora se arma la pachanga … todos los Viernes es igual!  Siempre hay fiesta!
Y como si la voz de Intuición hubiera dado la órden, empezó la música a sonar a todo volumen.  -Los vecinos son muy parranderos … -explicó.  -Yak, está bien? –la mujer descubrió el cansancio del hombre.
-Si, estar muy cansado pero querer escuchar tu historia …
-Le cuento la historia, pero antes déjeme decirle que esta noche dormirá acá.  Así es mejor.  Ya mañana se va al hotel del pueblo, hay uno solo que es de su categoría, ‘El Cocotal’.   
-Pero tener espacio para mi?
-Bueno, como ya se habrá dado cuenta aquí lo que falta es espacio, pero no se preocupe que aquí lo acomodamos.
-Muy bien Intusón –se tapó la boca al bostezar.
-Bueno.  Volviendo a la historia…  Siempre hemos sido gente humilde.  No pobres.  Pobre se dice de aquél que no tiene nada.  Nosotros siempre hemos tenido salud, gracias a Dios, y mucho que agradecer.  Pero hemos pasado trabajos, muchos trabajos, de eso nadie se libra …
Escuchando la música popular, sintiendo el calor del trópico, oliendo la naturaleza exhuberante, mirando a la mujer que le hablaba en un idioma distinto al suyo, Jack se sintió transportado a otro mundo.  Notando firme la piel de sus  brazos y piernas color canela, Intuición le pareció atractiva a pesar de sus cuarenta y tres años y cinco partos.  Las dos, a veces tres y hasta cuatro subidas de cerro diarias la mantenían en perfecta condición física.  Le gustaba especialmente el tono de su voz y sobre todo su mirada ingénua; parecía como si Jack hubiera descubierto a la niña que le sonreía con picardía, tentándolo a jugar.
Cuando Vladimir y Leopoldina llegaron del cine, pasada la medianoche, la fiesta de los vecinos en pleno apogeo, no encontraron a nadie en casa; se acostaron pensando que la madre llegaría pronto, que seguramente acompañó al forastero hasta el hotel del pueblo.
A los pies del árbol, el hombre de ojos azules reconoció su suerte aquella noche.  Sin saber más de lo que le habían revelado, ignorando el historial físico, mental y emocional  del espíritu libre que contemplaba, desconociendo por completo el crucigrama de misterios que se dibujaba confuso pero hermoso en el horizonte, decidió jamás apartarse de aquella risa que al vibrar en el espacio tropical le había devuelto la suya propia.
-A cualquier hora del día, ya fuera al amenecer, viendo un ocaso, contemplando las estrellas, me sentaba aquí –Intuición indicó el mismo lugar desde donde estaban sentados, y lloraba, casi siempre de tristeza o frustración, pero también de alegría.  Como pudiera parecer, el ser pobres no fue una condena; al tener pocos recursos económicos la familia estuvo unida, luchando juntos, compartiéndolo todo.  Verá, al no tenerse bienes materiales ni deudas, se respira una libertad única …  Hay conformidad y a la vez tranquilidad porque lo que existe es lo que cuenta, no lo que falta.  Aquí se vive del presente y de la realidad, aunque le confieso, también de los sueños.  Los sueños flotan en el universo, señor Yak, las cabezas que quieran adueñarse de ellos pueden hacerlo, sin importar que sean ricos o pobres.  Los sueños no discriminan…
De niña lloraba porque se me morían los pajaritos que cuidaba, porque no podía aprender los números, porque mis padres peleaban.  De joven lloré de ver trabajar tanto a mis viejos, presenciar discusiones entre mis hermanos y familiares, por lo que podía ser y no era.  A medida que fueron pasando los años, ya mujer, se hicieron más frecuentes las lágrimas.  Con cinco hijos, varios amores a cuestas, unas libras, canas y arrugas de más, ya se imagina …
Pareciera que me hubiera pasado la vida entera llorando, verdad Yak?  Pero que va, todo lo contrario …! Nadie nunca me vio mal, tal vez alguna vez triste, como es natural, pero la gente ni idea tiene de mi afán por echar lágrimas.  Es una cosa mía, mi mejor pasatiempos, me ayuda, me releja, me redime, me transforma.  Llorar para mi es algo bueno, una bendición …
Intuición rió feliz.  Las estrellas y las hojas del árbol parecieron reír con ella.
-He tenido muchos novios, pues confieso que he sido bastante enamoradiza.  –la mujer bajó la cabeza y no habló por un breve lapso, recordando con melancolía.  -Con las penurias normales que da la vida, he gozado mucho de mi niñez y mi juventud.  El día que Dios me reclame a su lado, llegaré a El con un ramo de mis hojas de cristales y una sonrisa inmensa a darle las gracias por tanto y por todo.  Un millón de veces le daré las gracias … 
De esos sueños que flotan en el universo, me he apoderado de algunos cuantos, sabe?   Si, los tengo enredados en la cabeza y un día de estos desato alguno … -lo miró intensamente, el azul índigo de las pupilas de él un mar en calma.
-Solo este pedazo de tierra ha sido testigo de mi gran secreto, pues lo he mantenido húmedo a fuerza de mis lágrimas.  Al morirse Albertina, mi hija de 17 años, ya se imagina Yak, lloré un pozo de pena.
Entonces nació este árbol.  De mis lágrimas.  Por eso sus hojas son de agua. 
Cosa curiosa, a medida que el árbol crecía, me fui liberando de todas las penas pasadas, de todo pensamiento de limitación o frustración, pudiendo desenredar aquel nido de sueños de siempre, respirando feliz, viviendo en paz. 
Debe ser, pienso yo, que aquí enterré mi dolor para que de él floreciera algo hermoso.  Será así …?
-Ser asi.  Este árbol ser el espíritu que estirarse al cielo, libre.  –El hombre suspiró extasiado, le tomó la mano a la mujer, sintiendo cada uno la vida del otro en la palma, uniendo el ritmo de los sentidos, palpitando a la vez el mismo sentimiento, estableciendo en el silencio una alianza de amor.
-Intuición … -dijo emocionado el hombre, pronunciando bien el nombre.
-Mi mamá me puso ese nombre para que le hiciera honor … Intuir. 
-Que ser intuir?
-Intuir es tener un sentido más.  Es ver lo que no se ve.  Oír lo que no se escucha.  Saber, sentir, vivir, con más intensidad.
-Intuition! –aclamó triunfante en su idioma.
Intuición asintió con la mirada y una hermosa sonrisa.
El beso que se dieron más que un beso fué un premio.  Un premio a la vida que los unía por persistir cada uno en la búsqueda de un sueño, que ya con canas y arrugas, florecía finalmente en el trópico, salpicado por hojas de agua.
 
Fin
 
Abril 9, 2003
                                                              

 

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