Me desperté de repente, soñaba que
llegaba tarde a algún lugar, me paré de la cama y al ver los tules
de la cortina moverse con la brisa descubrí la huída de nuestras
sombras.
Tu sombra y la
mía se fueron de la mano …
No sé a dónde
se fueron, las ví desaparecer tras las cortinas, cuando me asomé a
la ventana sólo ví la luna brillando sobre el mar, el jardín
durmiendo silencioso cubierto por el rocío de la madrugada.
Fué una impresión muy rara, me sentí desamparada, desnuda, sola, con
frío.
Regresé
rápidamente a nuestra habitación a ver si tu ya estabas despierto;
el corazón me latía sobresaltado, estaba segura de que tú, al iguál
que yo, sentías la falta de algo, tal vez el mismo escalofrío,
idéntica extraña sensación en la piel. Pero dormías.
Cómo podías …? No te habías percatado de la huída
…
Tu sombra y la
mía se fueron de la mano …
Me acosté sin
hacer ruido, no quería despertarte; quizás si regresaba al mundo de
los sueños mi sombra llegaría antes del amanecer y despertaríamos
juntas ella y yo, no me preocuparía más, no me sentiría huérfana,
perdida.
Pero no podía
conciliar el sueño, me abrazé a tu cuerpo, nuestras formas encajaron
perfectamente, como si fuéramos tu y yo un solo molde. Tic,
tac, tic, tac, era el reloj de tu muñeca, que raro, pensé, que se te
hubiera olvidado quitártelo.
Te besé en la
espalda, un par de veces, luego unas cuantas más, besos pequeños,
besos largos, besitos sonoros, hasta que te moviste y me alegré
porque te quería despierto. Tenías que enterarte de la huída
de nuestras sombras, comprendes? Era muy importante
…
Tu sombra y la
mía se fueron de la mano …
Pero seguiste
plácidamente durmiendo en el molde de mi abrazo y me dió pena
despertarte. Tic, tac, tic, tac …
Suspiré y no sé
en que momento me quedé dormida. Para mi sorpresa, nuestras
sombras regresaron apenas unos segundos antes de que el sol asomara
sus rayos por la faz de la Tierra.
Esto es lo que
me contó la sombra mía sobre lo que ocurrió mientras ellos dos
fueron libres:
La sombra de él me dijo que le
siguiera,
que si lo hacía
jamás devanecería.
Yo le seguí … me gustaba y le
amaba.
Además, que
sombra puede resistir tal invitación a ser libre,
a no desvanecer
jamas?
En el fondo
todas las sombras anhelamos nuestra libertad,
durar
eternamente ...
Mientras el
reloj marcaba el curso de los mortales,
él y yo dimos
la vuelta al mundo tomados de la mano.
Qué viaje más
hermoso!
Descubrimos en
el trayecto,
además de mil
estrellas iluminando millones de paraísos,
que no podíamos
vivir el uno sin el otro.
Ya lo hemos
decidido, esta misma noche,
tan pronto el
séquito de estrellas llegue precediendo a la luna,
partiremos
…
Te quedarás sin
tu sombra, sin mí, y a él le pasará lo mismo.
Al principio
sentirás que te falta algo,
te invadirá una
sensación de frío, soledad y tristeza.
Pero luego te
acostumbrarás y hasta llegarás a ser más ágil y liviana.
Ultimadamente
serás más felíz.
Realmente no me
necesitas, soy apenas una cola de tu traje …
El y yo nos
iremos de la mano …
Amaneció
nublado, tenía los ojos un poco rojos. Con plena convicción de
lo que había acontecido, me paré de la cama con cuidado y caminé
despacio a la cocina. Verdaderamente mi cuerpo era más ágil y
liviano, parecía que flotaba, que mis pies eran motas de algodón y
el piso nubes. Puse agua a hervir y regresé al cuarto
para preguntarte:
-Amor, cómo te
sientes?
Pobrecito,
pensé, seguro que iguál que yo, con esa tristeza pesada e indefinida
que me entorpece el horizonte.
-Bien, que hora
es? -Me contestaste preguntando.
Bien?!
Acaso no sabías lo que había pasado …?! Pensé asombrada sin
decirte nada.
Te miré
intensamente para confirmarlo, seguías igual que siempre. No
percibí señal alguna o indicio de que te faltara algo. Me fijé
bien en tu cuerpo cuando te paraste de la cama y caminaste al baño;
el mismo torpe andar, la usual estirada de brazos, exactamente el
mismo bostezo bajo el marco de la puerta.
-Que hora es?
–me volviste a preguntar.
-Amor, dormiste
con tu reloj, míralo, no sé que hora es .. –le dije
desilucionada.
-Son las
diez! Tengo que darme prisa para buscar a mi hermano en el
aeropuerto! –Dijiste irritado.
-Te acompaño? –
le pregunté mientras entraba rápido al closet a buscar algo que
ponerme.
-No, mejor
no. Tengo que salir corriendo … -contesto entrando al closet y
vistiéndose rápidamente.
-Amor, te
quería decir algo …
Tu sombra y la
mía se fueron de la mano …
Pero no le dije
nada, ya él se había vestido y se tomaba el café a prisa.
-No me pude
afeitar …-dijo molesto. Odiaba salir de casa sin
afeitarse. –Chao! Te veo dentro de un par de horas …
-añadió.
Mis pasos de
algodón me llevaron a la cama. Abrazé a la almohada y sin
realmente desearlo me quedé dormida.
-Sombra, dónde
estás? Por cual mundo vuelas sin el traje de mi cuerpo
…?
Contéstame,
díme algo. Acaso no te hago falta …? -decía yo en mi
sueño.
Entonces
llegaste a mí, venías cansada.
-Sombra, que te
pasa? Pensé que nunca más te volvería a ver …
-Vine porque me
llamaste. –dijo a secas, se veía triste, muy
triste.
-Pero sombra,
porqué estás así …?! –Me conmovió su estado de ánimo, se había
marchado tán felíz …
-Lo esperé bajo
aquél almendro desde donde se contempla el mar.
Lo esperé
tejiendo ilusiones, cantando una canción que arrullaba las
olas.
El rocío de la
madrugada abrió los botones de las rosas.
Todas las
flores del mundo despertaban …
Las estrellas
se fueron marchando una a una, hasta quedar quieto
Y solitario el
vasto cielo en la callada espera del astro Rey.
A lo lejos un
marinero hizo su barca girar, yo miraba la estela …
Lo esperé
suspirando al vacío de la espera,
Lo esperé
arrullando las olas del mar.
Lo esperé con
una sonrisa, luego inquieta, mas nunca llegó.
El y yo nunca
nos fuimos de la mano …
Con razón,
pensé, se había despertado él inmune al cambio. Por eso
caminaba iguál, actuaba de la misma forma, su sombra nunca se fué
del traje de su cuerpo. Sombra vil, sombra traidora!
Pensar que yo lo abrazaba mientras él te hacía esperar … cómo
pudiste hacerle eso a mi sombra …?!
-No, no le
digas nada, no le hables así … Al principio yo también estaba
enfadada, no podía comprender porqué me había dejado plantada, pero
ya sé lo que pasó. Me lo dijo un pajarito que se apiadó de
mí. Estaba yo esperando bajo el almendro desde donde se
contempla el mar y de repente escuché:
No pierdas el tiempo. Girará la Tierra y no vendrá.
No creas que le fué fácil, por el contrario, te ama de
verdad
y por eso no ha venido.
Pero tanto tú
como él pertenecen cada uno a un cuerpo
y no pueden
abandonarlos. Sería una verdadera catástrofe. Imagínate
si todas las sombras decidieran hacer lo mismo …
los mortales
perderían el peso de sus cuerpos y andarían
divagando con
aquella tristeza pesada e indefinida
que nos les permitiría ver el horizonte ….
-El pájaro
tenía razón. La sombra de él tenía la razón.
No éramos las
colas de los trajes, éramos los trajes de los cuerpos …
El y yo nunca
nos fuimos de la mano …
Pero en sueños,
cuando tú, cuando él, cuando los dos duermen,
juntamos
nuestras ganas locas de volar de la mano por los mundos
y en sueños,
sólo en sueños, somos uno solo.
Es mejor así,
ya lo sé, lo he comprendido.
A diferencia de
los mortales, que pueden realizarse libremente
al antojo de la
luz de la estrella de su propio destino,
es sólo en el
reino de los sueños donde nosotras,
las sombras,
podemos realizarnos …
Desperté.
Con plena convicción de lo que había ocurrido, me paré con cuidado
de la cama y caminé despacio a la cocina. Sonreí. Me
volvió la alegría. Mis pies dejaron de ser motas de algodón
…
En sueños, sólo
en sueños, tu sombra y la mía se fueron de la mano …