Debí de
nacer en un arroyo de la
selva,
al pie de
una ruidosa
cascada,
rodeada de
flores, aves y
mariposas.
Debí de
navegar por el
Amazonas
en una barca de
papel
guiada por
loros traviesos.
Debí de
toparme con los
Andes,
asomarme a
un abismo de
silencio
al escuchar
la melancolía de una
quena.
Debí de
tropezarme con un
faro
para en las
aguas del Mar
Caribe
naufragar en
un sueño
imposible.
Debí de
coleccionar estrellas
fugaces
en la cima
de una verde
montaña,
la luna
enredada en algún
romance.
Debí ser el
azul de todos los
mares,
el verde de
todas las selvas,
el rojo de
todos los amores.
Debieron los
astros delinearme un
destino
que insistí
fuera impregnado de
luz,
para entre
palabras e imágenes, toparme con el
cielo
al atardecer
…
Mónica
Moser
Mayo 18, 2006
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